martes, 26 de junio de 2012

Día 73 - Varanasi


Partimos desde el aeropuerto de Kathmandú para despedirnos de Nepal al mediodía y tras un corto viaje de apenas una hora, aterrizamos perfectamente en la ciudad de Varanasi, India. Si bien solo permaneceríamos en esta ciudad por unas pocas horas, en dicha ciudad es donde comenzaría nuestro viaje por este país con una cultura y una realidad tan particulares.

India es un país territorialmente grande pero además es el segundo país más poblado del mundo con mil doscientos millones de habitantes que se distribuyen en veintiocho distritos. Tiene dieciocho lenguas oficiales y más de setecientos dialectos; cada ciudad es como un estado en sí misma, con su idioma, sus costumbres y sus particularidades.

El 75% de los habitantes son hinduistas, un 12% son islámicos y el resto se divide en otras religiones minoritarias, pero la gente respeta la elección de cada uno sin problemas. Los hinduistas que son la gran mayoría tiene una religión que se basa en la mitología, teniendo más de trescientos treinta millones de dioses de muchos tipos y para ellos los mismos viven en los cuerpos de las vacas; esa es una de las razones por lo que estos animales se consideran sagrados en el país. Hay tres dioses principales que son Brahma, Vishnu y Shiva, pero el último de los mencionados es el que tiene más templos y a quien se reza más.

Como cultura el territorio es un lugar milenario, ya que tiene más de cinco mil años de historia, pero como país en sí es muy reciente, obteniendo su independencia de los británicos en plena segunda guerra mundial, más precisamente el 15 de agosto de 1947, instalándose la actual democracia.

Varanasi es una ciudad antigua pero además es muy importante para los hinduistas porque es la de mayor relevancia espiritual. Aquí se encuentra el famoso río Ganges y es el lugar a donde vienen miles de peregrinos en busca de la purificación de sus pecados para llegar al paraíso, a Nirvana.

Al bajar del avión nos abrazó el calor de India. Le pregunté más tarde a uno de los guías por la temperatura y me dijo que rondaba los 45 grados Celsius. Es como estar adentro de un gran horno. En este país hay montones de controles a las valijas y los bolsos, incluso para entrar a los hoteles. Luego de que nos revisaran las cosas en varias oportunidades, fuimos trasladados al hotel donde pasaríamos la noche.

Dejamos las cosas en la habitación y en seguida salimos a nuestro primer paseo, un pequeño tour en uno de los vehículos típicos de la ciudad llamado “Rickshaw” que es una especia de triciclo muy similar al tuk-tuk que ya hemos visto en otros lugares pero esta vez el conductor tiene una bicicleta y no una moto. Salimos desde el hotel en parejas y nos llevaron hasta un lugar un par de kilómetros más hacia el centro. Ahí vimos por primera vez el desorden que India tiene por tráfico, la mugre, polvo y tierra en las calles y nos llamó la atención que no vimos tanta gente como pensábamos.

Desde donde terminaba el paseo seguíamos el camino en bus hasta una fábrica muy antigua de la ciudad en donde hacen muchos productos de seda. Habíamos estado ya en una en China, pero esta es un poco más artesanal. Nos mostraron parte del proceso y luego muchísimos de los productos que obviamente nos querían vender y para su suerte lo lograron.

Ya en la noche volvimos al hotel para la cena y luego descansar ya que al día siguiente comenzaríamos a las 4 am con los paseos por la ciudad.

sábado, 23 de junio de 2012

Destino 13: India


Nuestra estadía en India se extenderá por un total de ocho días, repartidos entre las ciudades de Varanasi, Agra, Jaipur y Delhi en donde se destacan las visitas al famoso Río Ganges, el Taj Mahal en donde recaen todas nuestras expectativas por ser una de las siete maravillas del mundo y el Raj Ghat, lugar donde fue cremado Ghandi y el Museo construido en su honor.

India es posiblemente el país más pobre que visitaremos en nuestro camino, por lo que en teoría será el que generará mayor impacto cultural. Recorreremos también los principales templos, lugares y ciudades de modo de llevarnos una idea bastante completa de lo que es la cultura Hindú, segundo país más poblado del mundo después de China.



Día 72 – Patan


Comenzamos la jornada a media mañana, esta vez no tuvimos que madrugar. Teníamos programado un recorrido por la ciudad de Patan, a pocos minutos del hotel en ómnibus. Dicha ciudad es la más antigua del distrito de Kathmandú  y nuestro recorrido incluía la Plaza Durbar, el Templo de Krishna Mandir, el Templo dorado de Hiranya Varna Mahavira, el Templo de Min Nath y la Stupa Ashoka.

No es muy difícil imaginar que es prácticamente imposible retener estos nombres para luego asociarlos a su foto correspondiente, y además que cuando uno lo lee desde el itinerario parece que son lugares diferentes y distantes, pero no es así.

Dado que el ómnibus no podía acercarse demasiado porque las calles son bastante angostas y en el poco espacio que hay transitan vehículos en ambos sentidos, estacionan sobre todo motos a los costados de la calle y como no hay veredas, entre todo ese enjambre de cosas deben moverse los peatones, completamos el recorrido a pie.

Nuestra primer parada fue la plaza de Durbar y desde ahí seguimos hasta otra plaza donde en pocos metros cuadrados había muchísimos templos y construcciones típicas. Algo a destacar y que me llamó mucho la atención de Nepal, es que aquí no hacen solo una construcción importante, sea un templo o una Stupa en el centro de una plaza, sino que hay montones desperdigados por doquier. Sin orden aparente y casi que amontonado, podíamos ver desde un mismo punto al menos cinco o seis construcciones diferentes de distintas épocas y estilos.

Recorrimos la zona aunque como la arquitectura no es nuestro fuerte, nos sobró el tiempo que nos asignaron. Lo que más cautivó nuestra atención es que cerca de la plaza hay una escalera que desciende hasta tres vertientes de agua. Dicha agua viene directamente de las montañas por lo que como el agua potable escasea por estos lares, las mujeres van hasta ahí con bidones y recipientes a juntar agua y a veces a bañarse o al menos lavarse.

Pasado el mediodía volvimos al hotel donde almorzamos y luego teníamos la tarde libre. En su mayor parte aproveché para jugar al ping-pong en la sala de juegos del hotel. El resto del tiempo lo ocupamos conversando o simplemente pasando el rato, cosa que también nos gusta. Fuimos a buscar la ropa que habíamos dejado el día anterior y cuya limpieza es cuestionable, pero bueno.

A las siete nos sirvieron café y té con galletitas en el hotel con motivo de despedida y poco más tarde tuvimos la cena donde el gerente volvió a agradecernos nuestra estadía remarcando lo importante que es el turismo para Nepal. “Cada turista que viene ayuda a nueve nepalíes…” por lo que nuestra visita ciertamente causa impacto ya que somos 350 personas. Hasta nos hicieron una torta de agradecimiento dándonos sin lugar a dudas el mejor trato de todos los hoteles donde nos hemos alojado hasta ahora.

Por la noche nos volvimos a juntar, otro poco de charla y cartas antes de irnos a dormir. Armamos las valijas y dejamos todo pronto para viajar al día siguiente a nuestro nuevo destino, India.


Día 71 – Vuelta a Kathmandú


Me desperté con el ruido del teléfono y para mi sorpresa era un amigo avisándome que al fin se veían las montañas desde el hotel. Nos apuramos en ir hasta el lobby del hotel y ya desde ahí vimos los enormes picos nevados. ¡Al fin! Aunque estaba nublado y feo, las montañas asomaron para despedirnos y el tiempo nos permitió ver, al menos durante unos minutos, los hermosos Himalayas.

Tras el desayuno nos aprontamos para nuestro vuelo y con un despertar tan alentador, teníamos grandes esperanzas de llegar a ver todavía más picos nevados desde el avión. Nos separamos del grupo ya que la mayoría volvía en ómnibus y partimos hacia el aeropuerto de Pokhara.

El vuelo fue muy cortito, apenas 25 mintuos, y aunque conseguimos asiento contra la ventana, estábamos del lado incorrecto del avión…¡shit! Igualmente algo pudimos ver y como el avión que era muy pequeño estaba lleno con gente del grupo, me acerqué al asiento de unos amigos para ver mejor desde su ventana. No llegué a ver el Everest ni a estar tan cerca de las montañas como me lo esperaba, pero tenía el recuerdo vívido de Nueva Zelanda en las retinas como para calmar las ansias. No me canso de ver montañas con nieve, tal vez porque en Uruguay no haya, pero es el paisaje que más me cautiva. Ahora todas mis esperanzas descansan en los Alpes Suizos cuando con Ro nos aventuremos en la última etapa de este viaje, solos por Europa.

Llegamos a media mañana de vuelta al hotel en Kathmandú, para lo que curiosamente demoramos más en el viaje en ómnibus desde el aeropuerto al hotel que el vuelo de una ciudad a otra. ¡El tráfico es insoportable! Ahí nos encontramos con los compañeros del grupo A que viajan con dos días de diferencia con respecto a nosotros y se estaban yendo hacia India, nuestro siguiente destino. Tuvimos que esperar cerca de una hora para que nos asignaran una habitación y cuando finalmente lo hicieron, dejamos las valijas y nos fuimos caminando hasta el centro en busca de un rico almuerzo. Nos partimos la boca en Pizza Hut una vez más comiendo una rica pasta y un postre de torta de chocolate y helado de crema espectacular.

Por la tarde llevamos ropa a un lavadero y recorrimos más tiendas acompañados de otros amigos. Poco después volvimos al hotel con los pies llenos de tierra (como siempre en esta ciudad) y nos dedicamos a jugar al ping-pong en la sala de juegos. Ahí permanecimos hasta poco antes de la hora de la cena.

Por la noche volvimos a la habitación, Ro no se sentía muy bien así que tras mirar un poco de tele y usar la computadora caímos rendidos. No me importaba nada poder dormir más de seis horas para variar y reponer las baterías.

jueves, 21 de junio de 2012

Día 70 – Trekking, Devi´s fall y la caverna


Nos despertamos en plena noche, nos vestimos y partimos en el ómnibus en busca de un amanecer único. Viajamos cerca de media hora hasta llegar a la base de la colina y luego ascendimos a pie por un camino que tiene en parte escalones y en parte solo piedras.

La aventura fue mucho menos rústica de lo que yo quería y pensaba. Cuando nos dijeron para hacer trekking en la montaña, yo imaginé precisamente algo que involucraba una montaña. Al fin de cuentas, subimos por una escalera con mucha pendiente hasta la cima de un cerro que tiene un total de 1592 metros de altura. No sé exactamente cuánto de eso lo subimos a pie, pero seguramente no fue más de 200 metros.

Para nuestra mala fortuna, la mañana estaba muy nublada y la visibilidad era muy mala, por lo que pese a nuestro esfuerzo por llegar a la cima a tiempo, no pudimos ver ni el amanecer ni los picos nevados. Apenas parte de algunas de las montañas y muchas muchas nubes. Además, por primera vez en bastante tiempo volvimos a pasar frío, mucho frío.

Triste y frustrado por la mala fortuna descendimos de nuevo hasta el ómnibus y volvimos al hotel a desayunar. Exhaustos por la madrugada volvimos a la habitación para dormir todo lo posible antes de volver a los paseos cerca del mediodía. Nos dormimos casi instantáneamente.

Nos quedaban dos paseos más en nuestro itinerario, una cascada llamada Devi´s fall y una cueva. La cascada se llama así según nos dijeron porque una mujer llamada Devi se cayó en ella intentando sacarse una fotografía en su luna de miel hace muchos años y falleció. Supongo que en su honor llamaron así a la cascada que no era la gran cosa, al menos a mi criterio.

La cueva fue todavía más decepcionante. Tal vez porque es imposible no compararla con la que visitamos en la bahía de Halong, pero bueno. Ya en tiempo libre nos dejaron en la zona del lago para que almorzáramos y recorriéramos a gusto. Así lo hicimos y tras una rica comida en un restaurante de comida italiana, paseamos por las tiendas en donde me compré una campera muy bonita con el asesoramiento correspondiente de Ro que cuya opinión es definitoria.

Volvimos al hotel para aprovechar un rato la piscina y por la noche cenamos una vez más en el muy lindo restaurante del hotel. Tras conversar un rato volvimos a la habitación a preparar la valija ya que al día siguiente volveríamos a Kathmandú pero esta vez en avión, así nos evitamos el ómnibus. Aunque tuvimos que pagar unos cuantos dólares extra cada uno, cambiamos un viaje de siete horas por otro de poco más de veinte minutos, je.

Día 69 – Viaje a Pokhara


Se nos terminó la estadía en el hermoso pueblo de Chitwan donde la pasamos increíble, así que tuvimos que subir a los ómnibus una vez más y volver a las carreteras. Esta vez nuestro destino sería la ciudad de Pokhara y una vez más, aunque nos separaban apenas ciento y algo de kilómetros, el viaje fue cercano a las cinco horas.

Al igual que como pasó con el rafting, en Pokhara había una actividad opcional que era el treking por una montaña para ver algunos de los picos más altos en la cordillera; las opciones estaban en hacer el tour y pasar la noche en la montaña, hacer algo similar pero escalando bastante menos y sin pasar la noche en la montaña o no hacer nada y quedarse durmiendo en el hotel. Nosotros teníamos elegida la segunda opción.

Al mismo tiempo, algunos de los interesados en pasar la noche en la montaña lo harían este mismo día y otros al día siguiente. Nosotros haríamos treking en la madrugada del día siguiente para ver la salida del sol por entre las montañas. El primero de los mencionados grupos se separó de nosotros fue directamente a la montaña; el resto siguió camino al hotel en la ciudad.

El camino se hizo muy largo y pesado una vez más; las carreteras no ayudan y los asientos de los ómnibus tampoco. Paramos a almorzar en un restaurante pequeño a un costado de la carretera pero nadie optó por el dudoso menú. La mayoría dividió sus compras entre pringles, helados y galletitas, casi todos acompañados con una bebida para matar el calor.

Llegamos al hotel cerca de las dos de la tarde. El lugar es muy lindo, el hotel grande y con piscina, el servicio nos dejó conformes y la habitación está muy bien equipada. Tenían preparado un menú especial para el grupo de viaje por lo que fuimos al restaurante donde yo pedí un sándwich de pollo y Ro pizza. Recorrimos un poco la ciudad para también comprar víveres y volvimos al hotel porque más tarde teníamos un paseo en bote por un lago.

Al llegar al lugar nos dividieron en grupos de cuatro o cinco y nos subimos a los pequeños botes de madera con nuestro remero de turno. Paseamos por el lago con vista a las montañas que al principio no era muy buena porque estaba nublado y la visibilidad era baja, pero al rato se puso tormentoso y eso le dio al paisaje unos colores grisáceos espectaculares. Si bien tuvimos que volver rápido en el bote cuando empezó a chispear y se escuchaban los truenos como acompañamiento musical, la vista era hermosa.



Tras la amenaza de lluvia finalmente solo cayeron algunas gotas y nos dieron un rato libre para recorrer la zona que está repleta de comercios. Aquí en Nepal se vende mucha ropa para hacer treking, camperas, pantalones, camisas, gorros y todo a muy buen precio. Exploramos un poco las opciones pero no compramos nada y volvimos al ómnibus con las manos vacías.

Por la noche nos sirvieron una cena muy rica en el hotel, cuyo restaurante estaba ambientado muy lindo con mucha madera y velas en cada mesa. Con la panza llena volvimos a la habitación y tempranito nos acostamos porque al día siguiente nos tendríamos que levantar a las cuatro de la madrugada para ir a subir el cerro y con suerte poder apreciar la magnificencia del sol asomando entre los picos nevados de las montañas.

lunes, 18 de junio de 2012

Día 68 - Paseo en canoas, safari en la jungla y elefantes

El día de hoy estaba repleto de actividades y todos eran muy prometedoras. Para hacer un cambio radical, dejar por un rato los templos y edificios históricos de lado, pasamos de lleno al turismo aventura para disfrutar de sin lugar a dudas, uno de los mejores días del viaje.

Para romper el hielo, caminamos hasta el mismo lugar a la orilla del río a donde habíamos ido el día anterior para intentar ver la puesta el sol y nos subimos en grupos de a nueve en unas modestas canoas. Impulsadas con una caña que se va clavando en el piso, igual que son impulsadas las góndolas en Venecia, paseamos cerca de una hora por este río donde con suerte se puede ver cocodrilos en las orillas.

Hay dos especies diferentes, unos más grandes que los otros y si bien estamos en su época de cría por lo que se hace difícil verlos, la suerte estuvo de nuestro lado. No fue de muy cerca, pero lo suficiente como para sacarle algunas fotos a uno que según nos dijeron son vegetarianos por lo que no corríamos peligro. También vimos un rinoceronte casi totalmente sumergido en el agua, reposando o vagueando de lo lindo. Otra linda foto para el álbum, je.



Tras terminar el recorrido llegamos al lugar donde comenzaba el paseo por la jungla. Caminamos durante otra hora en línea recta por un angosto camino que atraviesa la selva en busca de animales salvajes. Sólo pudimos ver ciervos, por un lado una manada con el macho y su cornamenta y por otro un macho solitario. Nos dijo el guía que los machos deben pelear y sólo el más fuerte queda en la manada y el otro, solitario, digamos que es futuro alimento de algún depredador más grande. Aunque no vimos leopardos o tigres el paseo estuvo genial.

Desembocamos en un criadero de elefantes, en donde estuvimos al lado de elefantes de pocos meses de edad. No hace falta decir que eran DIVINOS y mimosos. Se acercan para ser acariciados y si se les asoma por ejemplo una botella, abren la boca para que les des agua. El más chiquito hasta nos daba la pata y extendía la trompa para jugar. Un verdadero placer poder estar tan cerca de estos animales espectaculares. De todos modos, a todo esto recién era media mañana y todavía restaban muchísimas emociones por vivir.



Volvimos al hotel en camionetas 4 x 4 para que quien quisiera se cambiara antes de irnos al río a bañarnos con los elefantes. No era algo obligatorio pero no de ninguna manera me iba a perder de una oportunidad así. En grupos de dos o tres nos fuimos subiendo a los distintos elefantes que se agachaban en el río para facilitar nuestra tarea y una vez que estábamos arriba se paraba y nos tiraba agua con la trompa. Tras un ratito y previa orden de su adiestrador, se dejaba caer de costado al río tirando a sus jinetes de cabeza al agua. MUY DIVERTIDO! Unos genios los fantitos.



Al mediodía almorzamos en el hotel y luego tuvimos un tiempo libre para dormir siesta. Estábamos muertos por la madrugada e hicimos rendir esas horas hasta la última actividad del día. A las tres y media nos volvimos a encontrar en el hall del hotel y nos llevaron en camionetas hasta el punto de partida del paseo en elefante. Nos subimos desde unas torres al lomo de nuestros enormes amigos grises en grupos de a cuatro y dimos un largo paseo por la jungla una vez más.  Es increíble andar montado al elefante, tal como si fuera un caballo enorme pero que solo va al paso. Volvimos a ver ciervos y rinocerontes, pasamos por lagos y disfrutamos muchísimo de una experiencia inolvidable. Sin dudas una de las cosas que esperaba con más expectativa en los días previos y que no me decepcionó para nada.

Volvimos al hotel a las seis, justo a tiempo para darle otra oportunidad a la puesta del sol que fue otra vez un intento fallido gracias a las nubes. Igualmente no nos quejamos porque dado que estuvo nublado estos días, no tuvimos que sufrir los 45 grados de calor que hubo en los días previos a nuestra llegada a Chitwan. Nos quedamos conversando largo y tendido para recién al rato volver a prepararnos para la cena.

Para rematar tuvimos una demostración de una danza típica de una tribu del lugar que estuvo genial y en la que terminamos bailando junto a ellos. Sin lugar a dudas un gran día que concluyó con mucha satisfacción, lleno de aventura y que ubicó a Nepal en el podio de los países del viaje hasta ahora.

Día 67 - Parque Chitwan

Madrugamos una vez más, a tal punto que ya no es madrugar sino que es levantarse como lo hacemos normalmente y nos preparamos para dejar la ciudad. Partiríamos todos hacia el parque Chitwan, pero antes había una actividad programada para los interesados que era el rafting.

Nosotros no teníamos paga dicha actividad opcional. A Ro no le interesaba hacerla y a mí sí pero en su momento no sabía quienes irían y después tampoco quería dejarla sola. El grupo se dividía en distintos ómnibus en función de por qué se había optado y quienes no estaban interesados seguían viaje directo al parque, llegando un par de horas antes.

Si bien la distancia al parque desde Kathmandú es de ciento y pocos kilómetros, se demoran cerca de seis horas en completar el recorrido. La ruta va rodeando las laderas de las montañas por lo que es todo curvas y acantilados; algo similiar a las rutas de Nueva Zelanda, salvando las distancias con los paisajes y el estado de las carreteras. Primero hicimos un tramo de tres horas hasta el lugar donde comenzaba el rafting, despedimos y sacamos muchísimas fotos de nuestros compañeros, los vimos partir con cara de asustados algunos y de emocionados otros, para luego seguir nuestro camino. Me dió un poco de arrepentimiento verlos partir y no acompañarlos en semejante aventura, pero después me enteré que un compañero cayó al agua en un remolino que lo atrapó y se pegó tremendo susto. En otra aventura tal vez pueda intentarlo y sacarme las ganas. 


Tres horas más de viaje y llegamos a Chitwan. Ahí dejamos el ómnibus y subimos en camionetas Mahindra, igualitas a las que se ven en las calles de Uruguay para completar el resto del camino a los hoteles. Almorzamos todos juntos a media tarde y luego fuimos al Jungle Safari Resort, donde permaneceríamos las siguientes dos noches. El lugar es muy lindo, la ciudad mucho más tranquila y descongestionada que Kathmandú. Por la calle transitan elefantes que son una mezcla entre un medio de transporte, una herramienta y una mascota ya que son multiuso.

Descansamos e hicimos tiempo hasta que llegaron nuestros amigos del rafting. Nos contaron cómo les había ido y partimos todos juntos caminando hasta la orilla del río desde donde se puede ver generalmente la puesta del sol con una paisaje muy agradable. Nosotros no tuvimos suerte porquer estaba muy nublado pero igualmente fue una buena oportunidad para sociabilizar y pasar un lindo rato.

Volvimos al hotel tras el intento fallido, nos bañamos y luego cenamos en el restaurante donde nos sirvieron una cena buffet bastante dentro de lo aceptable. Era el cumpleaños de un amigo y la novia le consiguió una torta y todo. Le cantamos y comimos pastel sin dulce de leche, lo que me hizo pensar en cuanto se extrañan los postres de allá y en que una torta sin dulce de leche no es una torta. De ahí a la compu para bajar fotos y escribir algo en el blog con lo quedaba de fuerza antes de caer rendidos.

domingo, 17 de junio de 2012

Día 66 – Recorrido por la ciudad, plaza Durbar, Templo de Kumari, Templo de los monos, Bhaktapur y las cremaciones en Pashupatinah


Desayunamos en el jardín, en las mesas colocadas directamente sobre el césped, para luego comenzar los paseos del día que eran cuatro.

En primer lugar viajamos en ómnibus hasta el Templo de los monos donde subimos unos cuantos escalones para llegar a la cima de una colina con gran vista a la ciudad. Arriba hay una especie de pagoda construida hace mucho tiempo con pertenencias de los maestros budas adentro. Tanto en el camino hacia arriba como en la cima vimos mucha gente pidiendo dinero, mucha pobreza y suciedad. Hay cuerdas colgadas por los aires en donde ponen montones de banderas con escrituras sagradas budistas. Había mucha gente porque era sábado y es el día de descanso aquí; aprovechan para visitar los templos, rezar y agradecer a sus dioses. Se llama templo de los monos porque está lleno de dichos animalitos sueltos por todos lados.



A continuación viajamos hasta la plaza Durbar y estuvimos en la casa donde vive la princesa Kumari de Kathmandú. Dicha princesa representa a la encarnación humana de la diosa madre hindú Durga y se eligen varias para todo el país. El proceso de selección de la princesa Kumari es muy antiguo y tiene varias etapas; para siquiera ser tomada en cuenta primero debe cumplir una serie de requerimientos y una vez elegida permanecerá como tal desde los tres años de edad hasta su primera menstruación. Vive en una casa aislada de su familia, solo acompañada por cuidadores y no puede salir de la misma excepto trece veces al año en las fechas de las festividades. Sus padres pueden visitarla durante el día pero no pueden pasar la noche ahí.

Ser seleccionada es un honor para la familia y un beneficio económico importante porque cobran una mensualidad por el resto de sus vidas. De todos modos, es prácticamente una prisionera durante todos esos años ya que vive bajo protocolo estricto todo el tiempo. Tiene educación escolar a domicilio durante la tarde y por momentos se asoma en las ventanas de la casa y así se muestra a la gente. Está prohibido sacarle fotos y no siempre se logra verla, pero nosotros pudimos hacerlo. No parecía para nada una niña feliz.

Al salir de la casa recorrimos la zona de la plaza en donde se encuentra un templo que se conoce como Templo de los Hippies porque en los años sesenta se juntaban en las escaleras del mismo y fumaban marihuana. También hay una calle conocida como calle de los hippies en donde actualmente hay varios puestos ambulantes donde se venden artesanías. Vimos varias vacas sueltas porque aquí son animales sagrados al igual que en India por lo que circulan libremente y no son molestadas. Algunas personas se acercan a ellas, las tocan y se tocan la frente en lo que entiendo es como un saludo a los dioses.

Al mediodía viajamos hasta otra plaza en donde había varios restaurantes y tiendas, recorrimos y descansamos. Estuvimos ahí poco más de una hora para refrescarnos del calor y luego seguimos viaje hasta la última visita del día, las cremaciones en Pashupatinah.



En este lugar hay once pilares de cemento con un pequeño techo puestos uno al lado del otro, ubicados entre casas y un río cuyo nombre no recuerdo. En esos pilares, cuando fallece una persona, se hace la cremación del cuerpo horas después; se coloca sobre una pila de madera y se tapa con paja para luego ser encendido, por el hijo mayor si quien falleció es el padre de la familia o por el hijo menor si es la madre. 

Alrededor se juntan parientes y amigos para presenciar el acto que dura unas cuatro horas y cuando termina lavan el piso del pilar con agua que sacan en baldes del mencionado río, tirando cenizas y restos al mismo.
Ver esto fue bastante fuerte, ya que cuando llegamos había un par de fuegos encendidos, lo que significaba que había cremaciones en proceso. El río está MUY contaminado, repleto de basura, ofrendas y cenizas. El olor era bastante fuerte aunque no tanto comparado con otros lugares de la ciudad. Ellos están muy acostumbrados a todo el proceso que es lo normal para todo fallecimiento.

Finalmente volvimos al hotel donde teníamos tiempo libre y nosotros optamos por salir a recorrer la ciudad una vez más. Caminamos mucho en busca de algún supermercado pero no encontramos ninguno. No obstante, descubrimos una panadería donde vendían torta de brownie, gelletitas artesanales, medialunas y demás por lo que decidimos darnos un gustito.  

Aprendimos otra curiosidad sobre este país, algo que nos llamaba mucho la atención. Aquí se ve mucho a hombres caminando por la calle agarrados de la mano o abrazados, tal como si fueran pareja. Nuestra primera impresión fue de que eran homosexuales y que aquí era muy normal mostrarse públicamente, pero resulta que no es así. En Nepal es normal que los hombres cuando son amigos se agarren de la mano y caminen así por las calles; lo mismo las mujeres aunque no se ven tantas. Es al contrario más extraño ver a las parejas haciendo esto porque eso sí lo ven como algo raro. ¿Qué tal?



Por la noche cenamos nuevamente en el patio interno del hotel mientras presenciábamos un montón de danzas típicas que de todas las que hemos visto hasta ahora, fue la que más me gustó. Con eso finalizamos el día, preparamos la valija para viajar al día siguiente y nos acostamos para descansar lo máximo posible.

sábado, 16 de junio de 2012

Día 65 – Llegada a Kathmandú


El total de compañeros que conformamos el grupo “B”, cerca de ciento veinte personas, fue dividido en tres sub grupos para hacer el viaje a Nepal. Nosotros por suerte estábamos en el mejor, ya que partimos temprano desde Tailandia e hicimos un vuelo directo y sin escalas para arribar al mediodía a Kathmandú y disponer de la tarde libre para pasear. Un segundo sub grupo salió más tarde por lo que llegaron casi al anochecer y el último hacía escala en Hong Kong y llegó al hotel casi a media noche; estuvieron cerca de doce horas dando vueltas en avión.

Como regalo de bienvenida nos entregaron un pañuelo típico que es tradicional del país. Nos recibieron muy amablemente en el hotel, tomamos un jugo de cortesía, nos pintaron un “tercer ojo” en la frente tal como usan ellos por motivo religioso (creo) y filmaron nuestra llegada. El hotel es grande y tiene un patio interno hermoso con mesas donde sirven las comidas. Nosotros estamos en el quinto piso, la habitación está bien equipada aunque a veces la heladera o el aire no funcionan del todo bien ya que en Nepal tienen problemas con el abastecimiento de energía y dependen en muchas oportunidades de los generadores.

Luego de dejar nuestras cosas partimos en grupo para recorrer la zona y buscar un lugar para almorzar. Terminamos en un “Pizza Hut” donde habíamos estado ya en Hong Kong y habíamos comido la mejor pizza hasta ahora. Aquí no fueron menos y nos sirvieron otra exquisitez tal como necesitábamos. Paseamos un poco por el centro, recorrimos los mercados de chucherías para tener una buena idea precios y oportunidades y luego volvimos al hotel. 

Hasta ahora, podemos decir que Nepal ha sido el país que más impacto cultural nos ha dejado por la realidad en la que viven. La ciudad en sí es muy sucia, hay ríos donde tiran basura o incluso animales muertos y donde el olor es INSOPORTABLE. Las construcciones son MUY humildes y precarias, hay muchísima gente en las calles pidiendo dinero, niños sobre todo, el aire es sucio y con tierra del pedregullo de los caminos o los escombros de viejos edificios.

El tránsito es RECONTRA desorganizado y para cruzar la calle hay que tirarse ya que los peatones no tienen preferencia de ningún tipo y te llenan de bocinazos mientras te pasan rozando por los costados. Una curiosidad del lugar es que hay cebras (aunque son de adorno parece) para cruzar las esquinas en diagonal. Igualmente es más un peligro que un atajo porque entre motos, autos y bicis que vienen de todas las direcciones, es todo un logro llegar entero al otro lado.



Las camionetas van tan llenas de gente que algunos tienen que sacar el cuerpo por la ventana porque de otro modo no entran, y los ómnibus van tan cargados que algunas personas viajan sentados en el techo. ABUNDAN los Suzuki Maruti y se usan mucho como taxi. La gente nos mira MUCHO y sin disimulo como si fuéramos de otro planeta lo cual no molesta al principio pero termina cansando un poco.



Por la noche volvimos al hotel donde nos sirvieron la cena en el jardín con una decoración muy bonita y el gerente nos dio la bienvenida oficial, nos contó un poco sobre la realidad del país y nos regaló una bolsa con folletos turísticos para que conociéramos mejor a su tierra querida. Un muy lindo gesto de su parte.

Destino 12 - Nepal


Comenzamos un nuevo destino, el doceavo en nuestro camino y uno en donde tendremos más aventura que hasta ahora en esta etapa.

Permaneceremos en el país un total de ocho días, los cuales se reparten entre Kathmandú (la capital) a donde llegaremos desde Tailandia y dormiremos las dos primeras noches, el Parque Chitwan para los dos días siguientes, en Pokhara un par más, volveremos a Kathmandú y finalmente desde ahí viajaremos a Patan.

Si bien es un itinerario movidito, Nepal ofrece muchas actividades de turismo aventura como el rafting, trekking por las montañas, paragliding, paseo en elefante, safari, vuelo por los picos más altos de los Himalayas y alguna que otra cosa más. Nosotros no vamos a hacer todas esas actividades, pero sí el safari o el paseo en elefante por ejemplo que es algo que espero con ansias.

Nepal es conocido además porque posee a la cima del mundo, el famoso Monte Everest con ocho mil y pico de metros de altura. No sé qué tan cerca llegaremos de él, pero por lo menos sabremos que estuvimos en su casa. 


jueves, 14 de junio de 2012

Día 64 – Día libre en Bangkok


Nos levantamos tarde, ya que podíamos, desayunamos tranquilos y recién después de eso comenzamos con los pendientes para la jornada. Lo único importante y obligatorio a resolver en este día libre era lavar la ropa acumulada que era MUCHA.

Conseguimos un pequeño lavadero cerca del hotel de un par de señoras que fueron invadidas de uruguayos y probablemente hayan tenido más trabajo en este día que en todo el mes. Dejamos las cosas que tendríamos que levantar a las seis de la tarde y luego volvimos al hotel.

Cerca del mediodía acompañamos a unos amigos hasta la oficina de correo ya que ellos iban a mandar una nueva encomienda y aunque teníamos todas las intenciones de recorrer y pasear una última vez por la capital de Tailandia, nuestras opciones se limitaban a templos o mercados y no queríamos hacer nada de eso. 
Salimos a caminar por la zona entonces, sin rumbo, y llegamos así hasta el complejo del estadio. No pudimos entrar a sacar una foto desde las gradas como quería, pero si llegué hasta el césped en una cancha anexa más pequeña que había al lado. Almorzamos en un 7-eleven que son tiendas que abundan por estos países y nos salvan la vida muchísimas veces. Compramos un par de sándwiches calientes cada uno que son muy ricos y baratos para después seguir nuestro camino.

Luego de esto partimos hacia la zona de shoppings donde todavía teníamos muchísimo por recorrer y ahora más o menos conocemos todo. El área total es enorme y en una calle hay cerca de cuatro o cinco shoppings de varios pisos cada uno, uno al lado del otro. Paseamos por todos, vimos autos de lujo y un amigo aprovechó para comprarse una cámara de fotos. Todo este vuelterío nos llevó cerca de cinco horas y nos liquidó.

Camino de vuelta al hotel, sabiendo que teníamos que ir a buscar la ropa al lavadero, vimos que en una esquina había unos tailandeses jugando al fútbol en una cancha de cemento. Como yo había dicho que tenía ganas de jugar un amigo propuso pedirles para entrar y accedí. Tras volver a la habitación y ponernos calzado adecuado preguntamos si podíamos unirnos al partido y amablemente nos dijeron que sí; uno para cada lado y a correr.

Lamentablemente llegamos para el final del partido y solo jugamos quince minutos pero fue suficiente para agotar lo poco que nos quedaba de energía. Igualmente hice presencia goleadora y le hice un sombrerito al golero como para imponer respeto a los uruguayos, je. Ahora sí liquidados volvimos al hotel.

Por la noche fuimos hasta un centro comercial cercano en busca de wifi para dar señales de vida y poder actualizar el blog. Comimos algo sencillo como para cumplir y volvimos a descansar ya que al día siguiente partiríamos muy temprano rumbo a un nuevo destino: Nepal.

Día 63 – Museo del paso del infierno y tren de la muerte


Nuestro último día en el río Kwai comenzó tempranito y con un desayuno idéntico al del día anterior. Tras hacer el check-out volvimos a tomar las lanchitas por última vez y nos dejaron en donde nos esperaban los ómnibus de la agencia.

Nuestra primera parada fue en el museo del paso del infierno o “Hellfire pass” por su nombre en inglés. Este lugar se construyó para recordar y honrar a todas las personas inocentes que sufrieron y murieron en la Segunda Guerra Mundial en lo después se conocería como “El Tren de la Muerte”.

En 1941, cuando Japón hizo su ingreso en la Segunda Guerra tras bombardear el puerto de Pearl Harbor en Hawaii, invadió gran parte de Asia en su lucha contra los Aliados. Dado que tenía que abastecer a sus tropas y el único medio que tenía hasta entonces eran los barcos, cuando tomaron la zona de Burma, Tailandia y Malasia decidieron construir una ruta de ferrocarril que conectaría toda esta zona en un trayecto de más de cuatrocientos kilómetros. Para dicha obra utilizaron a más de 60.000 prisioneros de los Aliados y posteriormente a más de 200.000 ciudadanos asiáticos con un objetivo que parecía imposible ya que el tiempo pretendido para la obra era de 20 meses.

Lograron hacerlo, pero para ellos muchísimas personas fueron torturadas y llevadas hasta el límite de lo que un ser humano puede soportar. Las fotos son estremecedoras. Trabajando turnos de 15 o 16 horas en un principio y luego hasta 24 horas sin parar, bajo una dieta de arroz y vegetales servidos dos veces al día y utilizando casi ninguna herramienta tuvieron que abrir camino por entre las montañas y trabajar para sus enemigos.

Los prisioneros estaban totalmente incomunicados del resto del mundo aunque cuando podían alguno pasaba escondido una radio desde Singapur para tener noticias de cómo iba la guerra y rezar por una victoria de los Aliados que pusiera fin a su miseria. Si los descubrían eran torturados y matados, que no era muy diferente a los que les pasaba si intentaban sabotear la construcción o si los japoneses no consideraban que se estaban esforzando en su labor.

Los datos presentados son obviamente estimados, pero son muchísimas las personas que murieron en esta construcción, producto del cansancio, las torturas, la desnutrición o incluso enfermedades contraídas y mal tratadas. El nombre del paso del infierno proviene de que por la noche cuando ya no había luz del sol, los hacía continuar trabajando con iluminación que proporcionaban fuegos o faroles. El tren se conoce como “Tren de la muerte” por la cantidad de personas que murieron en el proceso. Se estima que un trabajo similar, que realizado casi sin herramientas en su entonces llevó unos veinte meses, hoy en día, con la tecnología de avanzada, implicaría aproximadamente unos dos años.

Caminamos por parte del trayecto donde hace muchos años circulara el tren, vimos parte de las vías y algunos durmientes originales que permanecen casi intactos. La historia es espeluznante y me dio una sensación similar a la sentida en el museo de la guerra de Vietnam. Es increíble que caminamos por un lugar donde se llevaba a cabo tanto sufrimiento y dolor hace tan solo setenta años.

Luego de esto volvimos al ómnibus para ir a almorzar. Comimos con vista al río Kwai y después tomamos el tren que circula por parte del recorrido original que se continúa utilizando. De los más de cuatrocientos kilómetros, unos ciento y algo son hoy en día propiedad de Tailandia que utiliza en tren. Viajamos cerca de dos horas en un tren muy modesto para llegar finalmente al puente sobre el Río Kwai donde habíamos estado un par de días atrás.

Tras todo esto, volvimos al ómnibus y viajamos durante tres horas más para regresar a Bangkok y al hotel donde ya nos habíamos alojado para disfrutar de nuestros últimos días en este país. De ahí a descansar, comer algo y volver a disfrutar de las comodidades de la tecnología. Igualmente fue una GRAN experiencia.

Día 62 – Nadando por el río y cueva de Lava Kaeng


Como las habitaciones no tienen teléfono no pueden llamarnos para despertarnos. La alternativa es que uno de los empleados del hotel camina de punta a punta golpeando cada puerta de cada cabaña. Dejamos el desayuno buffet pero nos sirvieron un huevo frito, jamón, un par de papas fritas y algunas tostadas con manteca o dulce; como acompañamiento, té o café y después fruta. Más que suficiente para mí. Igualmente nunca como arroz, verduras o la mayoría de las cosas que nos ofrecen en los hoteles para arrancar el día.

Para la mañana teníamos arreglado un paseo por la cueva de Lava Kaeng, que es una cueva enorme que está a unos cinco kilómetros del hotel y se accede viajando por el río. De todos modos, nosotros estábamos más interesados en la parte previa, ya que para ir hasta ahí se podía utilizar la lancha o…ir nadando por el río. ¡A flotar se ha dicho!

Violando las normas de la digestión previo a un baño porque logísticamente era imposible, nos pusimos los chalecos salvavidas y saltamos desde el muelle al agua. No es transparente y seductora como la de las playas de Filipinas, pero está calentita y era divertido.

El viaje fue placentero, conversando y riéndonos con nuestros amigos mientras jugábamos a ser corchos en el agua. Todo esto hasta que algo mordió a un amigo en un dedo del pié; ahí salimos nadando rapidísimo del lugar y luego no dejamos de movernos en todo el camino hasta llegar a la cueva. No fue nada grave y hasta era gracioso, pero de todas maneras no nos íbamos a arriesgar a que se repitiera. Llegamos bastante cansados tras más de media hora de nado.

La cueva es enorme y hay todo un camino para acceder hasta bien adentro. Está muy oscuro y hay unos cuantos murciélagos dando vueltas por ahí. Me hizo acordar a la que vimos en la bahía de Halong hace un tiempo. Caminamos hasta el final apreciando las extrañas formaciones en las paredes y el techo. Finalmente volvimos al hotel pero esta vez en las lanchas porque es imposible nadar contra la corriente. Sólo el mejor de los nadadores sería capaz de avanzar con tanta fuerza en contra.

Almorzamos en el hotel y luego tuvimos tarde libre. Aprovechamos a descansar, dormir la siesta y disfrutar del lugar. A media tarde organizaron un torneo de fútbol para quienes estuvieran interesados en una cancha que hay a unos doscientos metros del hotel. Participaron tres equipos formados por integrantes del grupo y uno de tailandeses. Los pobres terminaron últimos y vapuleados en el partido final. Sintieron el vigor de la garra charrúa, je.

Nosotros nos limitamos a oficiar de espectadores y aprovechamos parte del rato para visitar a los elefantes que se encuentran en la zona. Estuvimos muy cerquita de tres de ellos y hasta pude acariciar la trompa de uno. Daba lástima porque si bien acá los tienen como mascotas y los utilizan mucho como medio de transporte, tenían ojos de infelices y probablemente no estuvieran nada bien cuidados. Algunos compañeros los alimentaron con bananas que ellos felizmente agarraban con la trompa y se las comían como si fueran maníes para nosotros. Hermosos animales que nunca había visto TAN de cerca pero que volveré a encontrarme en nuestro camino por Nepal.

Por la tarde/noche volvimos al restaurante del hotel y tras la cena nos juntamos en un grupo de varios a escuchar música, conversar y jugar a las cartas. Otros armaron campeonato de truco y algunos hasta lo hicieron apostando plata. A la medianoche, cuando aquí parece que fueran las tres o cuatro de la mañana, volvimos a nuestro humilde aposento para despedir el día y descansar.

Día 61 - Rio Kwai


Para llegar hasta nuestro nuevo hotel en las orillas del Río Kwai nos levantamos bastante temprano y partimos en ómnibus. En primera instancia teníamos un viaje de una hora y algo en la que dormimos todo el trayecto hasta llegar al primer punto de interés, el famoso mercado flotante.

Resulta que en las inmediaciones del Río Kwai, todo se promociona usando a éste como protagonista. Tal es así, que existe un mercado literalmente flotante, ya que está ubicado sobre el río y para acceder hasta ahí utilizamos unas lanchas que son muy finitas y largas y pueden llevar hasta ocho personas cada una. Separados en grupitos paseamos por primera vez sobre el agua del Kwai.

El mercado es bastante grande aunque  se venden básicamente las mismas cosas que habíamos visto ya en Bangkok e incluso aquí estaban más caras. Nos compramos nada sino que simplemente nos limitamos a recorrer y conocer. Después de ahí volvimos a los ómnibus y nos llevaron hasta el famoso puente sobre el Río Kwai. No es muy extenso pero si muy pintoresco. Caminamos sobre las vías del tren y sacamos varias fotos con esta celebridad histórica.

Más tarde fuimos a comer a un restaurante cercano al puente donde lo más rico que encontramos fueron el arroz blanco y las papas fritas. El resto como siempre, varía entre lo agridulce, lo picante o lo sazonado con curri…GUACALA! Simplemente no lo considero comible, pero le ponemos buena voluntad.

Tras todo esto eran casi las dos de la tarde. Subimos al bus por última vez para trasladarnos hasta el punto de salida de las lanchas que nos llevarían al hotel. Eran casi como las que usamos para ir al mercado pero un poquito más grandes. En grupos de diez personas esta vez, navegamos por el río que tiene una correntada muy fuerte pero es igualmente calmo. Demoramos un cuarto de hora aproximadamente para arribar al hotel flotante que se compone de una hilera de chozas ubicadas una pegada a la otra sobre una de las orillas del río.

El hotel es muy conocido y tiene la particularidad de que si bien está muy lindo y limpio, no tiene electricidad. Eso significa nada de teléfono, televisión y ni hablar de wi-fi. No hay calefón por lo que hay que bañarse con agua fría. Es realmente desconectarse del mundo. Todo está iluminado con faroles a queroseno que se encienden al atardecer y el resto con linternas. Las cabañas son hechas con caña de bambú y paja, sencillas pero coquetas.

Una de las principales atracciones que todo aquél que se aloje en el hotel DEBE hacer es, dada la fuerte correntada del río, tirarse en uno de los extremos del muellecito y dejarse arrastrar por la corriente hasta el otro lado del hotel, flotando, tranquilo…digamos que “lo más pancho”. Para volver hay que caminar de punta a punta del hotel, pero igualmente es MUY divertido y lo repetimos una y otra vez.
A las seis se empieza a ocultar el sol y la visibilidad es muy poca. Cenamos a las siete en el restaurante del lugar a la luz de los faroles, casi en penumbras, con el río como acompañamiento musical. La verdad, ESPECTACULAR.

Como contrapartida, no hay mucho para hacer en este lugar, ya que estamos aislados de todo y sin electricidad. Jugamos a las cartas, conversamos tirados en las hamacas paraguayas y finalmente a dormir. Como se podrán imaginar, la amenaza de bichos está latente todo el tiempo. Por suerte no tuvimos que combatir con nada más grande o peligroso que un par de cucarachas, pero otros se las vieron mano a mano con alguna araña. Así y todo, muy agradable.

Día 60 – Bangkok, el Gran Palacio, el Buda de esmeralda, el Buda reclinado y el Templo de Mármol


Volvimos al grupo y su itinerario, a ser ciento y pico de personas, a los guías y los paseos en bus. Arrancamos con pocas pilas y mucha pereza para una mañana repleta de actividades.

Bangkok es la actual capital de Tailandia, cuarta capital que ha tenido en la historia. La bandera, azul, blanca y roja representa a la sangre de los reyes (sangre azul) que son de alguna manera superiores, la pureza y la sangre de los militares y quienes dieron su vida por la patria; en ese orden respectivamente. Casi la totalidad de la población es budista y es un país con una fuerte dependencia de la agricultura, sobre todo de arroz. En Bangkok solamente hay cerca de trescientos templos de los cuales nosotros visitamos los más reconocidos. Como dato interesante que me llamó la atención, aquí no hay color definido para los taxis, sino que hay de todos colores dependiendo de la empresa. Hay rosados, rojos, verdes y amarillos, rojo con azul y muchos otros.

Comenzamos los paseos por la visita al Gran Palacio donde vivían antiguamente los monarcas. En un hermoso lugar muy bien conservado con grandes templos y construcciones extravagantes muy coloridas. Aquí los techos están decorados con cabezas de serpientes, particularmente la cobra real que es uno de los animales sagrados. Hoy el lugar funciona como centro turístico y los reyes viven en otro sitio. Tienen la particularidad de que pare entrar hay que ir de pantalón largo (a pesar del calor) o pollera larga para las mujeres, no se puede ir de musculosa o remera escotada y hay que descalzarse para entrar a varios de los lugares.

Hemos visto varios templos en este último mes pero creo que este fue el que más me gustó por lo bien que se mantiene. Dentro del predio hay cuatro pagodas que representan tumbas reales de siglos anteriores. También visitamos un templo donde se encuentra un buda conocido como el buda de esmeralda aunque si bien no está construido de ese material. Lo llaman así porque es de color verde. Curioso, ¿no? Supongo que es porque queda más lindo que llamar el Buda verde.

Como segunda parada visitamos otro templo donde está el Buda más grande que hemos visto hasta ahora…por lejos. Si bien ya habíamos visto otras estatuas del Buda reclinado, posición en la cual supuestamente habría fallecido tras llegar a la iluminación, nunca una de estas dimensiones. Tiene cuarenta y cuatro metros de largo y no recuerdo la altura pero no creo que fuera menos de cinco metros. Es algo impactante, más por su tamaño que por otra cosa. Aquí va mucha gente a rezar y ofrecen ofrendas, inciensos, comida o dinero, y piden ayuda a Buda.

Finalmente entramos al Templo de Mármol, cuyo nombre es más que literal ya que está construido con dicho material. Es un lugar enorme que funciona en parte como monasterio o su equivalente para los monjes budistas. Aquí van quienes quieren hacerse monjes a cumplir con las diferentes etapas de su preparación. Un lugar muy bonito también.

Tras todo esto regresamos al hotel y teníamos la tarde libre para hacer lo que consideráramos mejor. Tras un rápido almuerzo salimos de paseo hasta el shopping más cercano al hotel que tiene un montón de pisos y muchísimas y variadas tiendas.

Por la noche aprontamos las valijas y dejamos todo pronto para olvidarnos por unos días de la civilización y la tecnología cuando nos encontremos en las inmediaciones del Río Kwai.

Día 59 – Vuelta a Bangkok


Terminaron las vacaciones. Una vez más nos despertaron a las seis de la mañana para dejar las valijas y desayunar algo antes de tomar el ferry de regreso a Phuket.

El viaje en barco fue una verdadera TORTURA. Si bien habíamos tomado un remedio para el mareo, era tanto lo que se balanceaba producto de las olas que nos sentimos inmediatamente mal. Ro se pasó la hora y pico largo que duró vomitando y yo aguanté pero estuve al límite todo el trayecto. Igualmente el malestar me duró varias horas incluso después de habernos bajado. A los barcos no los vamos a extrañar NADA.

Ya de vuelta en Phuket nos estaba esperando una camioneta que nos llevó hasta un shopping para que almorzáramos. Comimos lo que pudimos con el asco todavía en el estómago y luego nos llevaron hasta el aeropuerto para esperar al vuelo con destino a Bangkok.

Los trámites fueron sin problemas pero el vuelo se retrasó un poco y con ello nuestra espera. Finalmente pudimos subir al avión donde dormí desde que despegamos hasta que aterrizamos de corrido y con eso recién se alivió un poco mi mareo.

Ya comenzando la noche llegamos al hotel donde estaremos dos noches y luego iremos hasta la zona del río Kwai para alojarnos en un hotel flotante en donde nos desconectamos del mundo por tres días y dos noches. Ni que hablar que no habrá internet; directamente no hay electricidad.

Salimos a recorrer la zona y a buscar algo para cenar. Para variar terminamos en un McDonald´s, extrañando la rica comida de Phi-Phi. Así se fue un día de mucho viaje en varios medios de transporte, largo, cansador y aburrido.

Día 58 – Último día de vacaciones y fiesta en la playa.


Pareció mentira despertarse y no sentir el ruido del viento o la lluvia proveniente desde afuera. ¡Estaba soleado! O al menos bastante más de lo que había estado hasta ahora.

Nos levantamos tarde y nos encontramos con que nuestros amigos se iban a hacer el tour que nosotros habíamos abandonado y ellos no habían hecho en su momento. Nos quedamos solitos en el hotel y era nuestra última jornada de vacaciones, así que decidimos tomarlo con mucha calma y hacer un poco de todo. Yo quería hacer el resto del tour que tenía pendiente pero a Ro no le interesaba volver a un barco y solo no me quise ir. Por lo que me contaron después, no me perdí de nada.

Perdimos gran parte de la mañana entre el desayuno y las averiguaciones de los tours que al final no hice. Casi al mediodía decidimos cumplir con una cuenta pendiente y alquilamos un kayak para pasear por la bahía. Estuvo muy entretenido y fue un sano y cansador ejercicio. Avanzamos bastante hacia el mar hasta que el viento nos forzó a dar la vuelta y movernos en paralelo a la costa. Una hora de remo al sol y luego a la piscina.

Por la tarde volvimos al restaurante del centro donde tantas veces nos partimos la boca esta semana y disfrutamos de un exquisito almuerzo. Yo comí macarrones con salsa de carne y queso que eran una delicia y Ro probó los ñoquis de tres quesos. Todo acompañado con licuado de frutilla. La verdad que pese al mal tiempo fueron unas vacaciones para el estómago; que lindo poder sentarse en un restaurante  y pedir cualquier comida sin tener miedo a que sea picante o algo dentro de lo que se caracteriza como incomible. Vamos a extrañar este lujito.

Rato después caminamos por el centro una última vez y fuimos hasta la playa. No era la gran cosa pero estaba cerca del hotel y nos sirvió para sacarnos el calor. Cuando nos aburrimos volvimos a la piscina que estaba solo a unos metros de distancia hasta quedar pasados por agua.

Por la noche volvimos al restaurante donde habíamos quedado de encontrarnos con el resto de los compañeros para la última cena de despedida ya que nos iríamos al día siguiente. Me despedí de las milanesas con puré, probablemente hasta volver a casa dentro de varios meses. Conversamos durante un largo rato y como frutilla de la torta decidimos volver a los boliches de la playa.

Cuando llegamos estaban haciendo un show con fuego que estaba muy bueno el cual duró largo rato. Bailamos hasta pasada la medianoche y decidimos volver a dormir un poco ya que tendríamos que despertarnos muy temprano la mañana siguiente. Estuvo MUY divertido y fue la despedida perfecta. Nos quedaron solo un par de horas para descansar y recuperarnos.

viernes, 8 de junio de 2012

Día 57 – Lluvia, lluvia y más lluvia


Nos despertamos con el inconfundible ruido del viento huracanado y la lluvia. Un verdadero temporal. Ya desde ese momento sabíamos que iba a ser un día largo y aburrido. No hay lluvia ni temporal que nos separe de la comida, así que fuimos igualmente hasta el restaurante del hotel a desayunar, sin apuro y con bastante apetito.

Después de esperar un rato, la lluvia no aflojaba, y era tanto el aburrimiento que me fui con unas compañeras al gimnasio del hotel e hicimos un poco de ejercicio. Imaginen lo que sería para llegar a tal extremo. Uno de nosotros no aguantó más y se tiró a la piscina, así como estaba el día, con temporal y todo.

Tele, siesta, computadora, ipad, música, de todo un poco para matar el tiempo hasta que a media tarde aflojó y nos fuimos al centro en busca de un almuerzomeriendacena que nos salvara. Pensando que era cuestión de tiempo antes que se largara otra vez a llover, queríamos cubrir en una sola comida las necesidades de todo un día. De todos modos la lluvia no volvió por lo que recorrimos un rato antes de volver al hotel por la noche.

Caminamos por la bahía sin agua, la misma que habíamos visto varias veces desde la piscina del hotel o incluso desde el viewpoint días antes. Es impresionante como baja la marea y permite caminar bastantes metros dentro de lo que por la mañana es puro mar. Incluso estuvimos junto a los barcos que por la tarde dejan de flotar y pasan a reposar sobre la arena.



Para concluir una jornada poco rendidora, vimos una película que había bajado en algún hotel del mundo por ahí y con eso redondeamos la fecha. Como dice el viejo dicho “con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho”.

Día 56 – ¡Tour de la muerte!


Una vez más nos encontramos con un día gris, lluvioso y muy poco atractivo. Igualmente teníamos que ir hasta la agencia por si nos decían que el tour se hacía igual y nosotros ya habíamos entregado todo el dinero. Desayunamos y allá salimos.

Para esa hora todavía no llovía. Nos juntamos cuarenta y ocho compañeros del grupo de viaje más cuatro o cinco extranjeros (un par de franceses y algunos japoneses). El “capitán” del barco nos dijo que podíamos salir, que el tiempo estaba bien y que “un poco” de lluvia no era problema. Le creímos como unos ingenuos y nos subimos a un barco bastante grande con dos pisos, el primero con una gran parte techada y arriba con un pequeño techo en el centro.

Para esa altura ya estaba lloviendo un poco, pero después se detuvo. Salimos desde el puerto con mucho entusiasmo y grandes expectativas por conocer algunas de las grandes playas de phi-phi. Tras media hora de viaje o poco menos, el viento empezó a soplar y eso trajo consigo las primeras olas.

El barco se empezó a hamacar, primero un poquito y después MUCHO. Yo no quiero sonar como un exagerado, pero nos dijeron (después) que las olas alcanzaron hasta los tres metros. Por momentos realmente parecía que el barco se iba a dar vuelta. Para peor se largó a llover CON TODO, por lo que éramos cincuenta personas apretadas bajo el pequeño techo del piso de arriba mientras el barco iba de un lado para el otro. Ahí aparecieron las primeras caras de mareo y síntomas de nauseas.

Como sabios precavidos, nos habíamos tomado un “aeromar” cada uno, los cuales podrían haberse cotizado como oro en ese momento. La lluvia que golpeaba fuerte estaba muy fría y algunas compañeras empezaron a temblar, un poco por el frío y otro por el susto. Ahí se me cruzó por primera vez por la cabeza la expresión “a la mierda, ¿dónde nos metimos?”.

Por si alguien se lo está preguntando, la tripulación del barco mientras se mataba de la risa y nos decían que todo estaba bien, pero era difícil creerles. Así viajamos cerca de una hora y media hasta la primera parada, la playa bamboo. Capaz que es un divino lugar en condiciones normales, pero en este día en particular era una playa normal y hasta sucia que no valía la pena.

Al principio, cuando el barco se detuvo, pensé que claramente el tipo estaba loco y que nadie se iba a bajar. Dado que era un barco grande, no podía acercarse mucho a la orilla, por lo que ellos llevaban (a quienes quisieran) en kayak o se podía ir nadando; la distancia era cerca de cien metros. Yo no podía entender cómo era posible que no estuviéramos yendo de vuelta al puerto. Ahora sí ya eran MUCHAS las personas con cara de preocupación y varios los que estaban vomitando. Le pregunté al capitán si después de esa parada volvíamos y me dijo que primero iríamos a otra playa y después sí al puerto. Claramente el tipo estaba demente.

Los compañeros, ya mojados y aprovechando que estaban ahí, empezaron a cruzar hasta la playa. Al principio me parecía una locura, pero terminé yendo yo también. Ro prefirió quedarse en el barco aunque ella por suerte no se sentía mal pero no quiso arriesgarse. Me fui en Kayak con un amigo bajo la lluvia.

Media hora o poco más después, volvimos en tandas hasta el barco. Yo (que ya tenía ganas) me añadí a la invitación de un amigo para ir nadando y nos tiramos al agua (con un chaleco salvavidas por las dudas) y nadamos el trecho de aproximadamente cien metros. Eso sí estuvo bueno y con corriente y todo fue muy cansador. Cuando faltaba volver dos o tres personas se largo a llover MUY fuerte y acompañado de MUCHISIMO viento. Ahora el nivel de preocupación estaba por las nubes.

Nos quedamos ahí parados un rato, mientras la tripulación iba y venía, bajaban a hacer algo con el motor que desconocemos y se hablaban entre ellos en tailandés. Si había algún problema, nunca lo comunicaron, pero puedo decir que nadie tenía una sonrisa en la cara. Al rato, nuevamente meciéndonos de un lado para el otro y ahora sí en un recital de vómitos, emprendimos la vuelta al puerto que llevó como una hora y algo más. Cada vez que le preguntábamos al capitán cuánto faltaba para llegar nos decía veinte minutos. Fueron los veinte minutos más largos de la historia.

Llegamos vivos al puerto y el éxodo fue grosero y no por obligación. Más de la mitad de los pasajeros prefirieron bajarse del barco y perder el dinero antes que seguir la “aventura”. El capitán sin embargo dijo que el paseo seguí, que era una parada para comer y después iríamos a otra playa. “Eh…no gracias igual”. Volvimos al hotel agradecidos de estar en tierra firme. Otros, siguieron el paseo.

Por la tarde, porque todo lo anterior fue durante la mañana, partimos en grupo hasta el restaurante de siempre bajo lluvia, hambrientos porque habíamos rechazado la comida del tour. Almorzamos algo y permanecimos ahí toda la tarde conectados a internet, pasando el tiempo.

Para la noche una compañera había conseguido un bolichito en la playa en donde nos pondrían la música que nosotros quisiéramos. Ahí nos juntamos a bailotear un rato, estuvo bueno. Después de eso sí, volvimos al hotel a descansar.

miércoles, 6 de junio de 2012

Día 55 - Viewpoint

Nos levantamos temprano para encontrarnos con un horrendo día lluvioso. Teníamos reservado un tour de varias horas de duración que nos llevaría en barco a visitar varias playas. Ya lo habíamos pagado el día anterior y en total se sumaban unas cincuenta compañeros el grupo. Con ese panorama de lluvia y viento la pregunta era...¿Y ahora? Primero lo primero, fuimos a desayunar algo para luego ir hasta el punto de encuentro para ver si el barco salía igual.

Llegado el momento de salir, llovía a mares y nosotros tenemos que caminar un largo trecho hasta la oficina de los tours. Nos quedamos esperando a que parara (cosa que nunca sucedió) y al final terminamos yendo igualmente chapoteando por las calles de barro. Por suerte a pocas cuadras nos encontramos con una compañera que nos dijo que se había suspendido para el día siguiente, así que volvimos a nuestro refugio. Pasó un rato antes de que aflojara la lluvia y ahí decidimos recurrir a la única diversión que provee el hotel..la piscina. Se nos unieron un par de amigos y ahí estuvimos, holgazaneando de lo lindo.

Al mediodía fuimos hasta el centro en busca de un rico almuerzo al restaurante de todos los días: la mamita. Nos encontamos con otros compañeros del viaje (para variar) y coordinamos para ir por la tarde hasta el viewpoint que es el punto más alto del lugar con una gran vista panorámica. La subida es bastante exigente, al principio por escaleras y luego por una rampa de hormigón, pero nada imposible. Demoramos unos 20 minutos en llegar a la cima donde se podía apreciar una vista espectacular, incluso considerando que el día no ayudaba ni un poquito. Desde ahí de puede ver el mar y el otro la bahía, separados por una delgada línea de tierra. Esa bahía es la que podemos ver desde la piscina el hotel y que tiene la particularidad de que todos los días por la mañana está muy crecida y por la tarde baja la marea MUCHO y se aleja de la costa para luego volver al atardecer.

Cuando nosotros subimos al viewpoint todavía estaba baja la marea, por lo que veíamos mayormente arena. Igual la vista era muy agradable. Al descender visitamos un lagar que figura en el mapa como el museo del tsunami que ya no existe como tal y hoy en día es un edificio de dos o tres plantas en el que vive un par de personas adentro y desde la azotea se puede ver la playa aunque con una vista bastante fea y sucia.

 Por la noche volvimos a "la mamita" para cenar y otra vez los uruguayos llenamos las instalaciones. Todo iba genial hasta que a la hora del retorno se largó a llover una vez más, pero esta vez sí que fue con todo. Aburridos de esperar a que aflojara (que una vez más nunca sucedió) nos mandamos igual y llegamos al hotel TOTALMENTE ENSOPADOS. Además de embarrados por el agua estancada en las calles de tierra. Directo a la ducha.

Finalmente a dormir y esperar que el tiempo mejorara al día siguiente y esta vez sí poder hacer el paseo.

martes, 5 de junio de 2012

Día 54 – Long Beach


Haciendo honor a las vacaciones, nos levantamos tan tarde como podíamos sin que implicara perdernos el desayuno. La temperatura del día era muy agradable aunque estaba bastante nublado.

 Tras llenar la panza, aprontamos nuestras cosas y partimos caminando rumbo a una playa muy conocida y que nos habían recomendado llamada “Long Beach”. Está como a 40 minutos de distancia caminando, y además no es por un camino sencillo. Si bien al principio la ruta no pone resistencia, luego se complica teniendo que cruzar por pequeños bosques, subiendo cuestas empinadas agarrándose de lo que se encuentre y luego intentando no resbalarse y caerse al descender.

La playa es muy linda aunque todo nos sigue pareciendo poco al lado de Filipinas. El agua es transparente y calentita pero estaba bastante revuelta y con mucho movimiento. Igualmente me bañe aproximadamente dos horas y media de las tres que estuvimos ahí, así que quedé recontra pasado por agua.

Pasado el mediodía volvimos al hotel a ponernos ropa seca y justo al llegar nuevamente se largó a llover. Zafamos por minutos y tuvimos que esperar que parara para volver a salir. Finalmente lo hizo y nos aventuramos en busca de un rico almuerzo que no lo fue tanto: una pizza fina como un papel. Al menos los jugos de fruta estaban riquísimos y de postre siempre hay algún chocolatito para rematar.

Aprovechamos la oportunidad también para robar wifi en el restaurante porque una vez más, el hotel nos cobra U$S 5 la hora de internet. Así revisamos el correo y las noticias (sobre todo deportivas) de lo acontecido por allá lejos en nuestro querido pequeño país.

El día seguía siendo muy poco atractivo por lo que regresamos a las comodidades del hotel. Yo miré una película mientras Ro dormía la siesta y así se nos fue el resto de la tarde. Por la noche no surgieron muchas propuestas. Coordinamos un tour por diferentes playas para el día siguiente y volvimos al hotel.

Día 53 – Phi-Phi


Apenas pasada la medianoche sonó el despertador para interrumpir mi siestita. Es que teníamos todo arreglado y nos íbamos a juntar en uno de los cuartos para brindar apoyo a la celeste del alma y en teoría disfrutar del partido. A través de una comunicación mediante skype a la casa de una de las compañeras, teníamos la imagen, aunque después Ro encontró que lo transmitían en uno de los canales del hotel. Si bien estaban corridos imagen y sonido, vimos el partido con el relato de Rodrigo Romano y los comentarios de JC. ¡Casi como estar en casa! Lástima el mal partido, el pésimo resultado y la calentura posterior. Me hubiera quedado durmiendo nomás…

Un par de hora más de sueño y luego madrugamos, una vez más, para trasladarnos hasta el puerto donde tomaríamos el ferry que nos llevaría a Phi-Phi. Este lugar es una isla muy conocida y de las principales de Tailandia, donde hay muy buenas playas para hacer snorkeling y buceo. Además, es famosa porque aquí se filmó la película “la playa” de Leonardo Di Caprio hace algunos años.

El viaje estuvo bastante movimiento de olas pero no nos afectó mucho porque dormimos casi todo el trayecto. El hotel donde nos alojamos está a pocos metros del puerto y allí nos estaba esperando el resto del grupo que había viajado antes. Es un hotel muy grande con una piscina inmensa. Hacia el frente del mismo se puede ver el puerto y los barquitos y en el “fondo” la piscina y la playa con una vista espectacular de la bahía.

La isla está plagada de restaurantes, pequeños comercios donde venden ropa o recuerdos,  y casas que ofrecen excursiones a playas más alejadas o incluso posibilidades de bucear entre los tiburones y las tortugas gigantes. No existen las calles grandes como hay en toda ciudad, sino que sólo hay callecitas por donde circulan únicamente peatones o bicicletas. No hay autos ni motos contaminando, ya sea el humo del combustible quemado o con el ruido de sus motores. ¡Es aire puro!

Luego de dejar las cosas salimos a recorrer el centro pero con la intención real de almorzar. Teníamos un par de recomendaciones hechas por compañeros que han viajado años anteriores, así que utilizamos una de ellas. Disfrutamos una sabrosa pasta para saciar el apetito. Tras un poco más de recorrida, le dimos una oportunidad a la piscina del hotel.

Por la tardecita se desató una tormenta impresionante que encorvaba los troncos de las palmeras, pero por suerte no duró demasiado. Cambiamos el restaurante para la cena y esta vez comimos milanesas de pollo con puré de papas. ¡Al fin comida!

Nos dijeron que en la nochecita se pone bueno en la zona de la playa cercana al hotel, ya que varios pubs ponen música (electrónica en su mayoría) y la gente se junta a bailar en la arena. Incluso algunos (los más pasados) se tiran en el agua de la playa cada tanto para refrescarse y vuelven a la pista para un rato más de punchi punchi.

Nosotros fuimos parte de la joda de esa noche. Bailoteamos un rato descalzos en la arena, rodeados de uruguayos. Es que el grupo sigue creciendo e invadimos cada lugar que visitamos. En uno de los pubs, a los efectos de darle color a la noche, bañan una cuerda en algo inflamable y la hacen girar para que quien tenga ganas se acerque y salte un ratito. Era genial ver a mucha gente borracha intentando saltar la cuerda de fuego. Nosotros nos abstuvimos.

Tras tanta actividad, volvimos al hotel pasada la medianoche para descansar, sabiendo que todavía nos quedan un montón de días más en las vacaciones.

sábado, 2 de junio de 2012

Día 52 – Mercado de outlet


Nos levantamos tan tarde que llegamos a dos minutos de perdernos el desayuno. Igualmente nos dejaron entrar al restaurante del hotel pero ya quedaba muy poca cosa. Comimos lo que pudimos.

El día estaba nublado y poco después se largó a llover, por lo que nuestros planes de paseo estaban arruinados. Un poco de tele, música e internet para matar el tiempo y averiguaciones para alternativas bajo techo.

Finalmente, nos recomendaron visitar un mercado de outlets de empresas internacionales como Nike, Adidas, Reebok,  Polo, Lacoste, entre otras, que se encuentra a 40 minutos del hotel en taxi y hasta allá nos fuimos. Sabíamos que no iba a ser tan barato como el mercado de China o algún otro que ya hemos visitado porque esta vez no eran imitaciones, pero no teníamos nada más para hacer.

Recorrimos todo el predio que es bastante grande y compramos algunas cositas. No todo valía la pena, pero siempre el que busca encuentra. Tuvimos que negociar el precio del taxi para volver porque siempre se piensan que somos europeos o giles y nos quieren cobrar un disparate, pero no tuvimos problemas.

El conductor estaba desesperado por aumentar la tarifa por lo que nos ofrecía llevarnos a todo tipo de lugares: a otro mercado, a una casa de masajes tailandeses, a ver al gran buda que se encuentra en la cima de una montaña, e insistía e insistía.

Finalmente llegamos al hotel y compramos algunas cositas para hacer una merienda/cena y con eso tirar hasta el día siguiente. Con Ro jugamos un par de partidos de ping-pong en la sala de juegos del hotel y después fuimos a la habitación para aprontar las cosas para un nuevo viaje. Al día siguiente partiríamos en ferry rumbo a Phi-Phi.

Día 51 – Karon Beach y Patong Blv


Estimado lector, acomódese, póngase los lentes si es que usa, deje todo lo otro que está haciendo y concéntrese de lleno en lo que está a punto de ver y leer, porque les presentamos a continuación, Tailandia en todo su esplendor.

No quiero ir directamente al grano o plato fuerte de la jornada, además de que prefiero respetar el orden cronológico de lo acontecido como siempre hasta ahora, así que comenzamos desde la mañana.

Como siempre, tras un desayuno surtido comenzamos nuestras actividades vacacionales con uno de los fuertes de Tailandia, la playa. El hotel está a un par de cuadras de una playa conocida como Karon, por lo que pedimos toallas y caminamos hasta ahí donde nos encontramos con varios compañeros más. Alquilamos un par de sillas y sombrillas porque eran cerca de las 11 am y queríamos evitar rostizarnos.
El agua estaba divina; no estaba calma y cristalina, pero sí calentita. Mucho oleaje la hacía perfecta para barrenar olas, por lo que en seguida salí a buscar alguien que alquilara tablas de morei y por 70 pesos uruguayos conseguimos dos. ¡Que comience la diversión!

Estaba complicado entrar porque las olas nos revolcaban una y otra vez, pero esta IDEAL para usar la tabla y así lo hicimos varios de nosotros. Una y otra vez, ola tras ola estuvimos deslizándonos por la espuma casi dos horas. Como se podrán imaginar, todo esto fue entre las 11 am y la 1 pm, por lo que terminé rojo tomate. Con un ardor importante en la cara, espalda, brazos y hombros, pero no me importó nada. ¡Estuvo INCREÍBLE!

Volvimos AGOTADOS a la zona del hotel en busca de algo para comer y tomar. Los precios ya no son tan económicos como en destinos anteriores, sino que se asemejan más a los de Uruguay. Repetimos menú para variar, pizza para mí y un sándwich para Ro.

Por la tarde se nubló y al ratito comenzó a llover en forma copiosa. Aprovechamos para dormir siesta y descansar. De todos modos, queríamos aprovechar la noche con alguna actividad interesante y nos recomendaron visitar la zona conocida como Patong Beach donde está toda la movida. Más precisamente en una calle de este lugar cuyo nombre no recuerdo, donde están todos los pubs y restaurantes. Así nos dijeron. Tomamos un “tuk-tuk” que es una camionetita taxi que nos llevó hasta allá. Creo que todos esperábamos ver comercios y algo más de movimiento, pero encontramos mucho más.

Resulta que en Patong se encuentra algo así como la zona roja de Phuket, y los pubs que nos habían mencionado no son meros pubs como los de Montevideo, sino que son lugares con barras y caños sobre ellas donde bailan tailandesas con MUY poca ropa. Abundan también los travestis o “lady boys” como se los conoce acá.

El lugar en sí es la representación del machismo, siendo todo sobre mujeres, sexo, alcohol y deportes. Podes sentarte en los bares, tomar algo y ver a las chicas bailando y algún partido de fútbol o pelea de kickboxing en las pantallas gigantes.

La extensión total de la mencionada calle es de dos o tres cuadras, pero está REPLETA de turistas, los mencionados pubs y de gente en la calle que te ofrece cigarros o si no te invitan a ver lo que se llama el “ping-pong show”. Este último resulta que consiste en mujeres con la habilidad de colocar pelotas de ping pong en sus partes íntimas y luego contrayendo los músculos necesarios las expulsan intentando embocarle a un vaso. Lindo, ¿no?

No llegamos a ver dicho espectáculo porque si bien es gratis la entrada, teníamos que consumir algo a un precio disparatado. De todos modos sí entramos a uno de los pubs donde vimos a las strippers y a los típicos “viejos verdes” que no faltan en ninguna parte del mundo refregándose a las chicas y manoteando todo lo que les dejaban.

Todo esto está documentado a través de nuestra labor periodística, así que se van a perder de poco. Tendrán que esperar para ver los videos, pero pueden ir haciendo bocado con algunas fotos.

Volvimos al hotel a eso pasada la medianoche, cansados por toda la actividad del día pero asombrados por habernos encontrado con algo único e inesperado. A ver qué les parece…